El día que me hice amiga de mi monstruo (y por qué deberías invitar al tuyo a tomar un café)
Imagina la siguiente escena: Estás en casa, de noche, viendo tu serie favorita. De repente, el detector de humos empieza a pitar con la fuerza de mil demonios. ¡BEEP! ¡BEEP! ¡BEEP!
Tu corazón se dispara, saltas del sofá y buscas de dónde viene el peligro.
Resulta que solo estabas tostando un pan y se ha quemado un poquito. No hay incendio. No vas a morir.
¿Qué haces entonces? ¿Te enfadas con el detector de humos? ¿Le gritas por haber hecho su trabajo? ¿Te pones a temblar de miedo pensando: "¡Oh, no, un detector de humos, qué horror, seguro que me va a dar un atacar!!!"?
No.
Apagas la tostadora, ventilas un poco y le das las gracias mentalmente por cuidar de ti.
Pues bien, déjame presentarte al detector de humos de tu cuerpo. , y lleva años sufriendo una campaña de difamación terrible.
El cortisol es el "enemigo público número uno", la hormona maldita del estrés que nos arruga la piel, nos quita el sueño y nos amarga la existencia.
y si, es cierto, pero a veces estamos tan hiperinformados que absurdamente: nos da estrés tener estrés.
Sientes un nudo en el estómago.
Piensas: "¡Uf, ya está aquí el cortisol! Qué malo es, tengo que relajarme, ¡frena ya!"
Como no te relajas al instante, te asustas más.
¿El resultado? Tu cerebro detecta eso y fabrica... ¡más cortisol!
Es un bucle infinito. Es como intentar apagar un fuego echándole gasolina.
Nos da miedo la propia alarma.
¿Qué pasaría si cambiamos el chip?
Científicamente, el cortisol; es un regulador de nuestro cuerpo.
Cuando tu cerebro (específicamente una zona llamada amígdala) interpreta que hay un reto o un peligro —ya sea un león en la sabana, una entrega en el trabajo o un correo electrónico con un "tenemos que hablar"—, activa la alarma. El cortisol entra en acción para hacer algo precioso: protegerte.darte energia
Aumenta la glucosa en tu sangre para que tus músculos tengan fuerza, acelera el pulso para que el oxígeno llegue rápido a tus piernas y enfoca tu atención.
Tu cuerpo no te está castigando; se está preparando para ser un superhéroe y ayudarte a salir de donde no hay que quedarse ….un poco dramático y exagerado, te grita: "¡Cuidado, por ahí no!"...
El verdadero problema no es el cortisol. El problema es que dejamos la alarma encendida durante meses por problemas imaginarios o del futuro.
Al cortisol le encanta correr los 100 metros lisos, pero odia las maratones.
Si llevamos a la practica el arte de abrazar al monstruo?
¿Y si la próxima vez que sientas el pecho apretado o la mente acelerada, en lugar de luchar contra ello, le das la bienvenida?
En algunos casos la aceptación rompe el bucle del miedo. Cuando sientas que el estrés sube, respira hondo y habla con tu cuerpo.
Puedes decirte algo tan bonito y divertido como esto:
"Hola, corti. Veo que has venido corriendo. Gracias por el subidón de energía, sé que intentas protegerme de este examen/reunión/atasco.
Pero tranquilo, amigo, no hay ningún león.
Es solo un día difícil.... Nos las vamos a arreglar.--- Puedes bajarte el volumen".
Al quitarle el miedo al estrés, le quitas su superpoder. La alarma deja de pitar porque ya has escuchado el mensaje.
Dejando de luchar contra tu propia biología.
Imagina que tu cortisol no es el enemigo. Es ese guardián incansable que, a su manera ruidosa y alborotada, solo está intentando decirte: "Oye, estoy aquí, y te voy a salvar".
Sonríele, dale las gracias por cuidarte, y verás cómo, poco a poco, él solo aprende a relajarse.